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Mostrando entradas de febrero, 2016

LA CENA

Se sentaron a la mesa del restaurante medio vacío.

El hombre más joven era alto y delgado, con un rostro algo huesudo. Una barba recortada con precisión le silueteaba la mandíbula y una desigualdad asimétrica de las cejas elevaba una de ellas en una expresión involuntaria e inconsciente de fastidio. No era, estrictamente hablando, un hombre guapo; pero era un conjunto de huesos, movimiento y actitud elegantes. Era un hombre grácil cuyo hermetismo facial se derrumbaba apaciblemente cuando algo le hacía sonreír, momento en el que una ternura solícita le asomaba a los ojos melancólicos.

El otro parecía algo mayor, algo más insignificante y miraba insistentemente el plato aún vacío, eludiendo los intentos discretos de su acompañante por retener su mirada. Estaba evidentemente avergonzado y tremendamente incómodo. En el restaurante no había más de tres personas cenando y la falta de ruido acentuaba su sensación de estar donde no debía estar, de ser un personaje absurdo en una mala novela …